ES | EN

INÉS FIGAREDO

Bio | Obras | Proyectos | Contacto

Toda Forma busca un Lugar antes de buscar un Nombre.

¿Qué hacía el Vacío antes de que existieran los nombres?

¿Qué sostuvo el primer Borde?

¿Qué comenzó el interior?

Vacío. Borde. Umbral.

Hubo un tiempo en que nada permanecía separado de nada.

No porque estuviera unido, sino porque nada había aprendido todavía a distinguirse de lo otro.

Pero llegó un instante en que la continuidad dejó de bastarse a sí misma.

Necesitó un borde.

Y el espacio lo consintió.

Intervalo. Consistencia. Persistencia.

Entonces surgió la necesidad de sostener la diferencia.

Surgió el primer Gesto.

Quizá una presencia dejó de atravesar el espacio.

O quizá la continuidad encontró, por primera vez, una resistencia.

No construía.

Señalaba.

No un lugar.

Una forma de habitar.

Y el espacio cambió permaneciendo.

Desde entonces comenzaron insistencias que nadie había aprendido.

No pertenecían a voluntad ni a propósito.

Simplemente regresaban.

Habitando. Sosteniendo. Delimitando. Rodeando. Conteniendo. Acogiendo.

Recogiendo. Apilando. Repitiendo. Envolviendo. Cubriendo. Cobijando. Completando.

Llenando. Vaciando. Cosiendo. Remendando. Anudando. Deshilachando.Sedimentando. Plegando. Fracturando. Adhiriéndose. Filtrando. Decantando.

Emergiendo. Incubando. Gravitando. Resonando. Persistiendo. Convergiendo.

Divergiendo. Desplazando. Reconociendo.

Huella. Repetición. Duración.

Cada una modificaba la Relación entre las cosas.

Y las cosas comenzaban a reconocerse de otro modo.

No hubo palabras. Hubo ecos. Durante un tiempo permanecieron dispersos. Después comenzaron a encontrarse. No se confundían. Se rozaban. Cada roce alteraba la resonancia del anterior.

Sedimento. Espesor. Persistencia.

El espesor es aquello que permanece cuando todo lo demás ha sido decantado.

El espesor precede a la forma.

Y al permanecer apareció un dentro. Por primera vez hubo un dentro.

Entonces ocurrió el Reconocimiento.

El reconocimiento dejó de venir de fuera.

La condición se reconoce como condición.

Mucho después llegó el Nombre.

El nombre no abrió el mundo.

Lo alcanzó.

Porque sólo puede nombrarse aquello que aprendió a permanecer.

Nombrar fue acercarse. Nombrar fue distinguir. Nombrar fue intentar sostener

aquello que el gesto había reconocido antes que la palabra.

Hebra. Urdimbre. Pliegue.

Todo nombre nacía ya incompleto. Todo nombre dejaba un resto. Una Latencia. Algo

permanecía plegado allí donde el nombre ya no alcanzaba.

No asistimos al nacimiento de algo nuevo. Asistimos al recuerdo de aquel primer

gesto.Lana. Costura. Polvo.

Y quizá sea entonces cuando el espacio vuelva a reconocernos antes de que nosotros

seamos capaces de nombrarlo.

Después llega la palabra. Y con ella, el sentido vuelve a desplazarse. Desde entonces

el lenguaje persigue aquello que nunca consiguió inaugurar.

Scroll al inicio